Durante la época colonial, la extracción de
plata en el Cerro Rico de Potosí, convirtió
a esta ciudad en la más grande de América, con
más de 160.000 habitantes; entonces, todo era opulencia
y se construyeron primorosas iglesias y elegantes casonas,
llegando arquitectos y personajes célebres de todas
las artes.
Cuentan que con la plata extraída de las entrañas
del Cerro Rico o Sumaj Orcko (montaña majestuosa),
se hubiera podido construir un puente gigantesco que uniera
Potosí con Madrid; pero, cuentan también, que
esa fabulosa obra, se habría hecho, de igual manera,
con los cuerpos de los indígenas esclavizados que murieron
en el interior de los socavones.
En 1553, la Ciudad de Potosí -capital del departamento
del mismo nombre en el sudoeste de Bolivia- recibió
el título de Ciudad Imperial de parte de Carlos V,
rey de España. En ese momento de la historia era difícil
prever el ocaso de la esplendorosa villa, que en la actualidad
sólo conserva algunos tímidos destellos de su
fastuoso pasado.
Calles silenciosas y solitarias, casas antiguas, veredas estrechas.
Al fondo, la imagen del Cerro Rico domina el altiplano, pero
ya no hay delirios de plata en esta vieja Villa Imperial que
en 1987 fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad
por la UNESCO.