Cuando llegaron los españoles a Sucre se encontraron
con una región muy poblada que contaba con buenos recursos
agrícolas y estaba cercana a las ricas minas de Porco.
De ahí que su primera denominación fuera La
Plata.
Poco después, con el auge de Potosí, La Plata
se convertirá en abastecedor agrícola y consecuentemente,
en una de las urbes más ricas de América.
Durante la guerra independentista, la ciudad tuvo el honor
de ser sede de la Asamblea Constituyente donde se creó
el nuevo país de nombre Bolivia; se redactó
la primera Constitución en 1825; y se cambió
el nombre de la ciudad, que desde entonces se llamó
Sucre, en honor al mariscal que llevó a cabo todo este
proceso.
En 1889 la guerra civil traslada la capital a La Paz. Aún
así, la alta aristocracia criolla va a mantener su
privilegiado ritmo de vida, que junto a la Iglesia, vivirán
holgadamente hasta 1952, fecha de la Revolución Nacional,
que pondrá fin a las relaciones esclavistas.
La ciudad de Sucre ha sido y es centro de creación
y difusión artística; así, la ciudad,
aunque pequeña en tamaño, tiene una poderosa
influencia en el resto del país. Los monumentos y obras
de arte existentes en Sucre son de gran calidad pero, al mismo
tiempo, dentro del peculiar tono de mesura propio de la ciudad
y su gente.
La concentración de importantes instituciones, como
el Arzobispado de La Plata, hoy de Chuquisaca; la Universidad
San Francisco Xavier de Chuquisaca; el asiento de la Audiencia
de Charcas, primero, y después del Gobierno de la República;
y la presencia de la Corte Suprema de Justicia, han atraído
a numerosas personalidades influyentes y cultas que han ido
definiendo el perfil de la ciudad, que hoy ostenta la calificación
de Capital Constitucional de Bolivia.
La mayoría de los monumentos Sucre, frecuentemente
definida como ciudad "colonial", tiene de ese religiosos
y culturales. Ha sido declarada, recientemente, “Patrimonio
Cultural de la Humanidad”, por la UNESCO .