Se encuentra al oeste de Ecuador, en la margen derecha del río
Guayas (río que da nombre también a la provincia),
a 50 Km. de su desembocadura.
Fundada en 1538, en la época de la Colonia, se convirtió
en el astillero más importante de América del
Sur. Hoy, Guayaquil es la capital económica de Ecuador
y principal puerto del país. Está considerado
uno de los más importantes del mundo porque su ubicación
e infraestructura brindan facilidades para el comercio marítimo
internacional.
Es una moderna metrópoli que cuenta con amplia capacidad
hotelera de primer nivel. Entre sus atractivos turísticos
destacan el tradicional barrio Las Peñas, ubicado en
las faldas del cerro Santa Ana; la Catedral Metropolitana, esencia
de su fe religiosa; el Parque Seminario (1895), en cuyos árboles
habitan, tranquilas, numerosas iguanas; el Centro Cívico,
con su moderno auditorio; el Cementerio General, con esculturas
de mármol italiano; la Torre del Reloj; y, el nuevo Malecón
2.000, gigantesca obra que alberga almacenes, galerías,
restaurantes, museos y permite disfrutar el impresionante paisaje
que ofrecen los amplios escenarios fluviales que rodean a la
ciudad.
La metrópoli cuenta además con modernos centros
comerciales, ejes de una pujante actividad económica.
Otro de sus atractivos es el Parque Histórico Guayaquil,
enfocado al rescate de los valores culturales y naturales de
la región, que se encuentra en la carretera a Samborondón.
Para quienes desean disfrutar de la cálida caricia de
las aguas del océano Pacífico, Guayaquil es el
punto de partida hacia las playas de la Península de
Santa Elena.
ATRACTIVOS TURÍSTICOS:
CERRO SANTA ANA
El cerro Santa Ana está ubicado al noreste de la ciudad,
al pie del Río Guayas y junto al tradicional Barrio
las Peñas. A manera de atalaya, domina el caudaloso
río Guayas y la planicie donde se levanta Guayaquil.
El Cerro, llamado antiguamente Cerrito Verde, es el sitio
donde se originó la ciudad, ya que en sus faldas se
produjo su definitiva fundación en 1547. Cuenta la
leyenda que Nino de Lecumberri, español buscador de
tesoros, invocó a Santa Ana cuando se encontraba en
peligro de muerte. En agradecimiento por su salvación
colocó una Cruz con la leyenda “Santa Ana”
en la cima del cerro, nombre que sustituyó desde entonces
al de Cerrito Verde.
En la actualidad, el Cerro Santa Ana es un punto de interés
turístico de la ciudad. En un recorrido de 310 metros
(456 escalones) se encuentran restaurantes, cafés,
galerías de arte, cibercafés y tiendas de artesanías.
Está dotado de plazoletas y áreas verdes para
el descanso, y su más importante atractivo es la vista
de la majestuosa Guayaquil.
Desde su cima se observa, al norte, la imponente intersección
de los ríos Babahoyo y Daule que forman al Guayas;
al sur, el casco comercial de la ciudad; al este, la Isla
Santay y Durán; y, al oeste el Cerro del Carmen y el
resto de la ciudad.
BARRIO LAS PEÑAS
El barrio Las Peñas es el más antiguo de la
ciudad, y en la actualidad está siendo reparado para
lucirse como una vez fue. En él siempre hay actividades
culturales y exposiciones. Ubicado junto al río, ilumina
la ciudad desde esta punta.
Las Peñas es históricamente el barrio más
importante de Guayaquil, pues aunque sus casas solamente tienen
alrededor de 100 años, sus características formales
y estructurales son muy parecidas a aquellas de los siglos
XVIII y XIX.
Cada una de las casas tiene su propia historia. Aquí
vivieron personajes ilustres de la política y la cultura
del país, como el músico Antonio Neumane, los
presidentes Francisco Robles, José Luis Tamayo, Carlos
Julio Arosemena Tola, Alfredo Baquerizo Moreno, Eloy Alfaro,
el escritor Enrique Gil Gilbert, el historiador Rafael Pino
Roca, el pintor Manuel Rendón Seminario, Alfredo Espinosa
Tamayo, Juan Montalvo, la educadora Rita Lecumberry, e inclusive
Ernesto “Che” Guevara estuvo de paso por este
barrio y sirvió gratuitamente de pediatra entre su
gente. También fue la cuna de industriales, amas de
casa, pescadores y marineros, personajes que nutren de vida
la cotidianidad de la ciudad.
A fines de los sesenta, Luis Hidalgo Baquerizo y Eloy Avilés
Alfaro fueron los pioneros en realizar exposiciones artísticas
en Las Peñas. Mostraban a pintores jóvenes,
cuadros de la Escuela Quiteña y réplicas de
artistas como Monard o Rembrandt, cada 24 de julio en la noche.
Esto es sólo un ejemplo de la intensa vida cultural
que siempre ha tenido el barrio.
A finales del siglo XVII, con el traslado de los astilleros
el barrio empieza a perder importancia. Por muchas razones,
entre ellas el crecimiento urbano y la insalubridad de las
áreas que lo limitaban por el sur, los habitantes del
antiguo Guayaquil resolvieron fundar una nueva ciudad en 1690,
ubicada unos dos kilómetros al sur, en la parte llana,
y desde entonces se dividió a la ciudad en “vieja”
y en “nueva”.
Muchos litigios hubo entre los que quedaban y los que emigraban.
Los unos aferrados a su barrio y sus propiedades, y los otros
en busca de las comodidades que se proyectaban en la nueva,
pues hasta el Cabildo y principales despachos gubernativos
pidieron solares.
Los límites de la ciudad vieja se fijaron desde el
cerro Santa Ana y cerro de El Carmen hasta lo que es hoy calle
Junín, detrás de la iglesia de La Merced, y
de la orilla de la ría hasta el barrio llamado entonces
Bajo, actualmente la prolongación de las calles Córdova,
Escobedo, Bolívar.
A fin de unir las dos ciudades se construyó un largo
puente, en sentido norte-sur, desde la plaza de Santo Domingo
hasta la Calle de la Muralla, como se llamaba la actual calle
Junín. El puente tenía ochocientas varas castellanas
y todo el sector que lo recorría se inundaba porque
varios esteros en el invierno y altas mareas (aguajes) regaban
sus aguas por la calle nueva, que poco a poco se iba rellenando
de cascajo.
En el siglo XVIII Las Peñas fue un barrio de clase
media. Algunas señoras acaudaladas trasladaron sus
viviendas hacia ese sector y convivieron con estratos populares
como artesanos, pescadores, comerciantes prósperos
y artistas. “Las Peñas en 1650 era un sumun de
todos los grupos étnicos coloniales”, según
los cronistas de la época.
En el siglo XIX comienza su aristocratización con la
compra de algunos solares por parte de familias nobles de
la época como la señora Clara Barron Ruiz y
Barreyro, las familias Tola, Arces, etc.
El gran incendio de 1896 arrasó el barrio, que fue
reconstruido en el siglo XX con rasgos de su arquitectura
original. En 1902 se registra el último incendio que
azotó la ciudad, aunque esta vez las casas no fueron
gravemente afectadas gracias a que para entonces ya contaban
con un destacamento de bomberos.
Durante gran parte del siglo XX fue uno de los barrios más
conocidos por acoger a la elite social porteña.
Al pie del cerro Santa Ana y a la orilla del río está
el pequeño bastión que es conocido como La Planchada,
y en el cual se inicia la calle Numa Pompilio Llona, nombre
del notable poeta guayaquileño de fines del siglo XIX.
Esta calle angosta y sinuosa que bordea el cerro está
ubicada en el barrio de Las Peñas, el primero que se
fundó en la ciudad, que debe su nombre a unas peñas
y peñascos, estribaciones del cerro que se sumergen
en las aguas, hacia la ría.
Es posible que fuera sobre peñascos y peñas
que se iniciaron las construcciones de amurallamiento de la
ciudad en la época colonial (1682), así como
un fuerte armado de cañones para la defensa contra
los asaltos de los corsarios, muy frecuentes entonces contra
las colonias de España.
Las Peñas es un barrio que en Guayaquil se ha mantenido
a través del tiempo al margen de la evolución
arquitectónica y de la transformación urbana;
precisamente en eso radica su belleza y valor patrimonial.
En la actualidad reúne los elementos mínimos
para que pueda ser considerado como el nexo de continuidad
entre la historia escrita con quincha, madera y tejas y el
predominio contemporáneo del hierro, el cemento y el
vidrio.
El barrio Las Peñas es uno de los pocos legados históricos
que posee la ciudad y su estilo arquitectónico muy
particular, su estrecha calle, sus casas junto al río,
que poseen dos frentes, lo convierten en un llamativo destino
de visita. Cada mes de julio se convierte en vitrina de arte
y cultura de artistas que viven en el lugar y de manifestaciones
culturales que tienen la oportunidad de mostrarse año
tras año.
EL MALECÓN 2000
El Malecón es un pilar histórico de la ciudad,
ya que desde él se expandió su crecimiento.
Hoy en día es el eje central de uno de los proyectos
de renovación urbanística más ambicioso
de Sudamérica. Son 2.5 km de paseo marítimo,
extendidos por la orilla del ancho río Gauyas.
Esta dividido en sectores que muestran la variedad de las
grandezas de Guayaquil, cada uno de ellos con un color diferente.
MALECÓN DEL SALADO
El Malecón del Estero Salado forma un gran circuito
turístico con el Malecón 2000. Gracias a la
regenerada y emblemática avenida 9 de Octubre se conectan
formando un corredor que es visita obligada de quienes deseen
conocer los malecones del río y del estero.
EL PARQUE HISTÓRICO
Está ubicado en la ciudadela Entre Ríos, en
la carretera Guayaquil-Samborondón. Busca recrear la
forma de vida de antaño con tres zonas: de vida silvestre,
urbano arquitectónica y de exposición de tradiciones.
Este sitio de 8 hectáreas está rodeado de bosques
de manglares y otras especies de árboles, como el platanillo,
que crecen naturalmente alrededor de un estero del río
Daule.
En el manglar existen 28 especies de animales en cautiverio,
entre las que se pueden observar al venado de cola blanca,
al mapache y osito lavador, grupos de saínos, tigrillos,
osos perezosos, cocodrilos... Existen 90 especies de aves
como papagayos, pericos, águila arpía, entre
otras.
En el parque también se aprecian estructuras que representan
las tradiciones de la costa, y la recreación de dos
manzanas del Guayaquil, de comienzos del siglo XX, en las
que se ubicaron cuatro edificaciones, construidas en esa época
y que son representativas de la antigua ciudad y han sido
declaradas patrimonio cultural.
CEMENTERIO MUNICIPAL
Una de las muestras más impresionantes de arquitectura
de la ciudad, el Cementerio General de la ciudad de Guayaquil
se abrió el 1 de enero de 1843, y es uno de los mejores
de América. En él se encuentran todos los estilos
arquitectónicos: greco-romano, neoclásico, barroco,
italiano, español, mudéjar, arábigo y
judío.
El cementerio, también llamado Ciudad Blanca, es ahora
Patrimonio Cultural de la Nación. Está dividido
en 5 secciones, siendo la más admirable la de los mausoleos,
que datan de los inicios de la ciudad.
Posee avenidas con palmeras, hemiciclos, calles, caminos,
escalinatas, gradas y desniveles.