Otavalo es actualmente uno de los destinos turísticos
más importantes del Ecuador. Tiene una enorme riqueza
cultural en la que pueblos como los Kichwa Otavalo y los Blanco
Mestizos mantienen su identidad, fortalecida por mitos, leyendas,
costumbres y tradiciones milenarias recibidos en herencia de
sus ancestros. Esta diversidad cultural se conjuga igualmente
con una variedad de ecosistemas que encierran una diversidad
biológica muy importante y representativa de la región
tropandina, repartida entre las montañas, lagunas, ríos,
quebradas y vertientes, que vistos desde la cosmovisión
local, tienen vida y energía.
La feria Artesanal de Otavalo, por su diversidad de tejidos
y bordados expresa el carácter y riqueza intercultural
de sus habitantes indígenas y mestizos.
La feria mayor se realiza todos los sábados, pero continúa
todos los días. Algunos de los productos más famosos
son: tapices, ponchos, paños, jerseys tejidos, fajas,
pulseras, bolsos, bordados, sombreros de paño, collares
indígenas, bisutería, antigüedades y artesanía
en madera.
Los otavaleños
Importante comunidad indígena que ha logrado mantener
su propia fisonomía económica y social es la de
Otavalo. Está compuesta por las parcialidades o comunidades
indígenas de Agato, La Bolsa, Peguche, Quinchuquí
y Cotama. También los sectores de la parroquia de Ilumán.
Su característica principal es su gran iniciativa, con
ambicioso sentido del comercio y del negocio. Se le conoce con
el nombre genérico de «Indio otavaleño».
Por su singular personalidad, sociólogos extranjeros
le calificado como «Aristocracia aborigen de América».
Grupo humano de inteligencia extraordinaria, ha sabido superarse
por el influjo decisivo de la escuela primaria. La escuela le
enseñó a leer y a escribir y esto fue suficiente
para que él con sus propias fuerzas haga el resto, es
decir, sobreponerse al medio ambiente y sus limitaciones.
Gente de América y de Europa vienen a Otavalo, a la feria
sabatina, a conocerle, conversar sueltamente con él,
mientras él aprovecha vendiéndole sus bonitos
tejidos, exclusivos y originales.
Hoy ha iniciado la conquista de los mercados de Europa. Para
ello, hace algunos años, un grupo de otavaleños
(alrededor de quince), resolvió trasladarse a España,
donde «el idioma es más fácil». Se
ubicaron en Madrid. Se dedicaron a tejer activamente con materia
prima barata, lana o nailon, y salieron a recorrer las calles.
Llamaron la atención por su indumentaria, que psicológicamente
es parte del negocio, y así «sentaron plaza».
Como es acostumbrado a trabajar comunitariamente, es decir,
en grupo, en familia, una vez que se sintieron firmes en el
negocio, reunieron sus dineros y procedieron a llamar a sus
familiares que habían quedado en Otavalo. Ahora se hallan
establecidos en Madrid y han procedido a dar un paso más:
han abierto un almacén, que luego serán varios,
con el nombre de «Ecuador folklore». Este almacén
está ubicado en una de las más céntricas
avenidas de Madrid. En estos momentos están llevando
más mano de obra, porque su próximo paso será
Alemania y luego Holanda.
Otra particularidad del indio otavaleño es la de su honradez,
porque sabe que este requisito es parte de un buen negocio y
la base de su prestigio. Pero sin duda, su mayor honradez es
la del cumplimiento de su palabra.
En la época de la Conquista, los españoles aprovecharon
su habilidad técnica artesanal y organizaron los recordados
obrajes, con cuya producción abastecían de telas
a la Real Audiencia de Quito, al Virreynato de Lima y al Virreynato
de Nueva Granada. En las guerras de la independencia, Bolívar
celebró contratos de estas telas para los uniformes,
las cobijas y demás menaje para el ejército libertador.
En la época Republicana, varios Gobiernos fomentaron
el consumo nacional de estos famosos tejidos, que se siguieron
exportando a Perú, Colombia y otros lugares. En fin,
el indio otavaleño ha mantenido por centenares de años
el prestigio de sus tejidos como buenos y admirables que, en
exposiciones internacionales como la de París, a comienzos
del siglo XX, obtuvieron medallas de oro. Esta profesionalización
del indio otavaleño en la industria textil manufacturada
ha hecho que hoy tenga, como ningún grupo indígena
del Ecuador, una gran solvencia económica.