Quito se halla a 2.850 m sobre el nivel del mar, en el corazón
de los Andes, a los pies del volcán Pichincha y a orillas
del río Machángara, afluente del Guayllabamba.
Está situada pocos kilómetros al sur de la línea
ecuatorial; sin embargo, debido a su altitud goza de clima templado
con una temperatura media anual de 14ºC.
Quito ha sido el centro de los cambios políticos y culturales
desde la época de los shyris hasta la actualidad. Además,
a ella ha afluido gente de todo el país y del extranjero.
Hasta principios del siglo XX, Quito era una villa pequeña
y pacífica, donde los adelantos de la modernidad entraban
despacio, a lomo de mula. Símbolo y hechura de la Revolución
Liberal, el ferrocarril que arribó en 1908 aceleró
la modernización. En las décadas siguientes, a
los inmigrantes pobres del interior que venían en busca
de trabajo, se añadieron definitivamente terratenientes
y hacendados que abandonaban el campo para instalar a la familia
en la capital, aunque manteniendo el cordón umbilical
con sus haciendas.
El súbito crecimiento urbano de Quito, alimentado por
el boom petrolero de los años 70, dividió en tres
a la ciudad: El Centro Histórico, los barrios pobres
del sur y la urbe moderna que crecía al norte de modo
apresurado, sin mayor lógica ni planificación.
Nuevos hábitos, menos tiempo, ruptura de la gran familia,
paso de las mansiones a apartamentos, del peatón al automóvil
y de las cantinas barriales a los bares de rock.
El nombre de Quito deriva de los indios quitus, que vivían
en la zona con anterioridad a la conquista incaica y a quienes
se atribuye la fundación de la ciudad en el siglo X.
Durante la dominación de los incas progresó tanto
que llegó a rivalizar con Cuzco, la capital del imperio.
En 1534 cayó en poder del español Sebastián
de Benalcázar, quien fundó en Liribamba la villa
de Santiago de Quito, trasladada poco después al emplazamiento
de la antigua ciudad, con el nombre de San Francisco de Quito.
Sede de Audiencia desde 1563, dependió del Virreinato
del Perú y desde 1718 quedó unido a la capitanía
general de Nueva Granada. Independiente después de la
victoria del general Sucre sobre los realistas en la batallada
Pichincha (1822), formó parte de la Gran Colombia (Colombia,
Panamá, Ecuador, Venezuela), pero en 1830, el cabildo
abierto celebrado en Quito proclamó la independencia
de Ecuador y la ciudad quedó como capital de la nueva
República.
ATRACTIVOS TURÍSTICOS:
LA ALAMEDA
Corría el año 1596 y los vecinos de la novísima
ciudad de Quito querían un lugar de esparcimiento, un
paseo bordeado de árboles como aquellos tan usuales en
España. ¡Un paseo de álamos, una Alameda!
fue la propuesta de Francisco Sotomayor, autoridad de entonces.
La idea despertó gran entusiasmo, pero la empresa resultó
más ardua de lo que los quiteños del naciente
siglo XVII imaginaban. Casi 200 años pasaron (1786) hasta
que el sueño de La Alameda se concretó en el extremo
norte de la ciudad. Desde entonces, han florecido allí
varios proyectos: un jardín botánico de 1870;
el primer Observatorio Astronómico del Ecuador en 1873
y la construcción de uno de los miradores panorámicos
más antiguos de la ciudad, El Churo de la Alameda.
Como toda gran empresa relacionada con Quito, levantar el observatorio
fue una proeza, pues su Telescopio Ecuatorial Mertz (un aparato
que pesa cientos de kilos) llegó en partes y a lomo de
mula desde el puerto ecuatoriano de Guayaquil. Este telescopio
de 1875 es aún la pieza más importante del observatorio
y sigue escudriñando los cielos. En las noches despejadas,
los visitantes pueden valerse de él para asomarse al
firmamento desde Quito, uno de los mejores sitios de observación
astronómica del mundo.
Dejando atrás el Observatorio en el centro de La Alameda
y siempre en dirección sur, el viajero llegará
a los pies del Monumento a Bolívar. Allí estuvo
el arco de entrada al Parque de La Alameda en los siglos XIX
e inicios del XX. Desde este extremo del parque, se pueden observar
dos sitios muy característicos de la ciudad: a la izquierda
la plaza e iglesia de San Blas y a la derecha la Basílica
del Voto Nacional. San Blas fue una parroquia asignada a los
indios cuando los conquistadores trazaron Quito.
En los siglos XVI y XVII, fue un importante mercado por su ubicación
a la salida de la ciudad. Allí se congregaban habitantes
de los antiguos señoríos indígenas de la
zona al norte de la ciudad que traían -como hacían
antes de la conquista- frutas tropicales como el aguacate, la
chirimoya o la guanábana.
CONVENTO DE SANTO DOMINGO
La severa geografía de Quito se expresa en una plaza
cóncava en Santo Domingo. Allí, la torre del
reloj daba la bienvenida a los viajeros que llegaban a Quito
por el sur en siglos pasados. Junto con San Francisco y la
Plaza Grande, la plaza de Santo Domingo es otro importante
escenario público de la ciudad. En 1990, por ejemplo,
el levantamiento indígena culminó su impresionante
marcha por el país con la toma simbólica de
la iglesia, un hecho político de enorme trascendencia
para el Ecuador. Ya en el plano festivo, Santo Domingo es
donde se hace el pregón de fiestas de la ciudad cada
diciembre, con miles de personas disfrutando de música
y arte para celebrar a Quito. En la esquina sur de la plaza
está la iglesia como un reto para el buen observador
por estar llena de detalles encantadores: de los techos a
los retablos, de la pintura mural al pan de oro, del decorado
mudéjar a los lienzos... Y como muestra del trabajo
minucioso que encierra este templo, el trabajo de restauración
realizado por el Fondo de Salvamento de la ciudad (FONSAL)
desmontó once mil piezas que componen el artesonado
(o decoración interior) del techo de la nave central,
con lo que se ratificó la categoría de que este
es el artesonado más grande y completo de Latinoamérica.
Este colorido templo contiene huellas del trabajo artístico
de varios siglos, pues los dominicos fueron la tercera comunidad
de frailes en llegar a Quito, en el siglo XVI y fue remodelada
en el XIX por gestión de dominicos italianos. El espacio
más destacado del templo es la exquisita Capilla del
Rosario, una muestra barroca en rojo y oro construida en el
siglo XVIII sobre el arco que da al exterior del templo y
restaurada hace pocos años. También recientemente
se completó la restauración de las Capillas
del Santísimo y la Capilla de la Confesión,
a la derecha del altar mayor.
En el interior del convento de Santo Domingo, el Museo de
Arte Colonial Fray Pedro Bedón exhibe valiosas piezas
de la Escuela Quiteña, una de las más importantes
corrientes artísticas de América durante la
Colonia. Fray Pedro Bedón fue un religioso dominico
con vocación artística que vivió en Quito
en el siglo XVI y que organizó la Cofradía de
la Virgen del Rosario, un grupo ciudadano responsable de la
creación de muchos de los espacios y piezas del conjunto
Santo Domingo.
EL CONVENTO DEL CARMEN ALTO
En el siglo XVII, este convento era un hogar de familia donde
creció Mariana Paredes, una piadosa mujer quiteña
que dedicó su vida a la oración y al sacrificio,
llegando incluso a inflingirse castigos corporales para consagrar
su alma y su cuerpo a Dios. Esta mujer que luego sería
canonizada como Santa Mariana de Jesús, la primera
santa de Quito, vaticinó que su casa sería hogar
de la orden de las Carmelitas Descalzas, predicción
que se tornó realidad. El convento de El Carmen Alto
es un convento de clausura donde las monjas buscan emular
la vida de recogimiento y devoción de Santa Marianita
y se relacionan con el mundo exclusivamente a través
de un torno giratorio donde se expenden productos naturales
como dulces tradicionales, vino de consagrar, hostias y otras
delicadezas. La iglesia está abierta los domingos por
la mañana y es un bello espacio digno de visitar.
LA CASA DE BENALCÁZAR
La Casa Benalcázar es un excelente modelo de la arquitectura
civil colonial, y el Instituto de Cultura Hispánica
ofrece allí actividades culturales gratuitas.
Continuando por la calle Benalcázar hasta la calle
Mejía y avanzando sobre esta calle unos pocos metros
se llega hasta el Centro de Información Turística
y Tienda de la Ciudad El Quinde, donde se pueden adquirir
artesanías regionales; solicitar información
sobre la ciudad y obtener folletos de los recorridos turísticos
de Quito.
Para un descanso nada mejor que un buen jugo fresco de la
gran variedad de frutas nacionales en El Patio Trattoría.
Esta acogedora cafetería ofrece platillos italianos
en un bello patio interior.
Caminando por la calle García Moreno se llega a la
Plaza de la Independencia, conocida también como Plaza
Grande, construida durante el siglo XVI. Esta alegre plaza
es uno de los escenarios públicos más importantes
de Quito y allí tienen lugar continuamente actos solemnes,
congregaciones cívicas o expresiones artísticas.
Todos estos eventos de gran envergadura ocurren en la Plaza
Grande con frecuencia, pero si el visitante no tiene la posibilidad
de participar de uno de ellos, puede entretenerse con la cotidianidad
de la plaza: los jubilados que se reúnen a charlar,
los dulces y bocados tradicionales que se ofrecen en los cafés
circundantes, o los fotógrafos andantes con sus máquinas
de tecnología más bien retro.
LA CASA DE MARIA AUGUSTA URRUTIA
¿Cómo vivía la aristocracia quiteña
en el siglo pasado? ¿Cuáles eran los estilos
de decoración y los objetos más apetecidos por
las familias acaudaladas de la época?
Una respuesta detallada a estos interrogantes es la residencia
de doña María Augusta Urrutia -una dama aristocrática
quiteña- quien además de ser conocida en su
tiempo por su exquisito gusto, tuvo un mérito mucho
mayor: su importante obra social con proyectos diversos como
comedores infantiles y planes habitacionales populares que
hoy benefician a cientos de habitantes de Quito.
En esta casa, patrimonio de una de las más grandes
fortunas ecuatorianas, se pueden observar estilos arquitectónicos
de los siglos XIX y XX, y un sinnúmero de interesantes
objetos de uso diario de entonces.
Ubicación: Calle García Moreno # 760 entre las
calles Sucre y Bolívar. Teléfonos: 2580103 /
2580107. Horario de atención: martes a domingo de 10h00
a 18h00
PLAZA DE SAN FRANCISCO
Al llegar los españoles, en el siglo XVI, encontraron
que este espacio era utilizado como mercado por los habitantes
nativos de Quito. Los franciscanos que habían venido
a evangelizar estas tierras fundaron allí la primera
escuela para niños y jóvenes, con el nombre
de San Andrés, para la enseñanza de escritura
y lectura en castellano, canto y artesanías a indígenas,
mestizos y españoles pobres. Se dice que ocupaba este
solar un palacio sede local del gobierno inca. Sobre la plaza
se sembró por primera vez el trigo en Quito.
La fachada de la Iglesia es de líneas herrerianas,
propias del siglo XVI. Al amplio atrio se accede por tres
gradas, la más interesante es la central, de doble
grada circular. Se dice que su diseño fue tomado de
un proyecto de Bernini.
Las capillas contiguas, sobre el atrio, corresponden a San
Buenaventura y la siguiente a Nuestra Señora de los
Dolores, conocida con el nombre de Cantuña, en memoria
de Francisco Cantuña un indígena rico que patrocinó
su construcción.