Conocida también como Villa Serrana, Caacupé
o “Villa de los Milagros” está
rodeada por cerros, arroyos y una prodigiosa vegetación.
La ciudad es como un estuche que guarda una preciosa joya:
la Virgen de los Milagros, hasta la cual
llegan peregrinos de todo el país. En autobuses, automóviles,
carretas, a caballo o a pie, todos los paraguayos han ido,
al menos una vez en sus vidas, a visitar a la venerada Virgencita
de Caacupé en busca de consuelo o para agradecerle
las gracias concedidas.
Breve historia
A fines del siglo XVI, un indio converso, de oficio escultor,
se internó en el monte y se encontró con una
partida de indios Mbayaes, de los cuales logró escapar
ocultándose tras un grueso tronco. En los angustiosos
momentos que pasó en su escondite pidió a la
Virgen salir con vida de aquella aventura.
Una vez libre de todo riesgo, y en agradecimiento, labró
dos imágenes de la Virgen: una, más grande,
destinada a la Iglesia de Tobatí, cercana al lugar,
y otra, más pequeña, para su devoción
particular.
Esta imagen menor es la Virgen de los Milagros que se venera
en la ciudad de Caacupé. Según la opinión
de los críticos de arte en madera, la imagen es una
creación de gran valor y belleza artísticos.
La historia no ha recogido datos de la imagen mayor, que se
supone saqueada por los Mbayaes.
En el año 1603 el lago Tapaicuá se desbordó
e inundó el valle de Pirayú arrasando todo lo
que estaba a su paso. Al retroceder las aguas, apareció
flotando un cofre misterioso que contenía la pequeña
imagen de la Virgen, una Inmaculada de apenas cincuenta centímetros.
Después de haber pasado por varias manos, la Virgencita
tuvo por fin su Santuario, que fue construido en 1765, hoy
convertido en la Basílica de la Virgen de los
Milagros de Caacupé, ubicada en el centro
de la ciudad.
Cada 8 de diciembre se celebra la fiesta de Santa María
de Caacupé y los peregrinos llegan por millares al
Santuario a demostrar su amor y gratitud a la Madre de todos,
a la "Virgen Azul de Paraguay".